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Princes and Thieves: las acusaciones sobre Jared Kushner y las respuestas de los aludidos

Un adelanto del libro de Matthew Cole atribuye a dirigentes de Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita la financiación de cuentas a las que habría tenido acceso el yerno de Donald Trump mientras trabajaba en la Casa Blanca. Kushner y Trump lo niegan. Los registros bancarios que permitirían comprobar la acusación no acompañan al texto publicado.

El plan secreto de Jared Kushner y Mohamed bin Zayed para remodelar Oriente Medio
El plan secreto de Jared Kushner y Mohamed bin Zayed para remodelar Oriente Medio © Imagen generada con IA con fotos de matthewcole.substack.com

El periodista Matthew Cole sostiene que Jared Kushner tuvo acceso durante el primer mandato de Donald Trump a cuentas financiadas por dirigentes de Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita para impulsar objetivos políticos en Oriente Medio. La afirmación, expuesta en un adelanto de Princes and Thieves («Príncipes y ladrones», traducción orientativa del título) publicado por Vanity Fair el 22 de octubre, ha recibido una negativa categórica del exasesor presidencial y del propio Trump. El centro de la controversia es comprobable como controversia; la existencia de las cuentas y la finalidad de los fondos todavía no lo son con la documentación disponible al público.

La editorial Simon & Schuster anuncia para el 27 de octubre la publicación del libro, subtitulado Jared Kushner and Mohamed bin Zayed’s Secret Plot to Remake the Middle East. Su presentación atribuye a Kushner, al presidente emiratí Mohamed bin Zayed y al príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman un plan para influir en la política de Washington. Esa descripción es la tesis de la editorial y del autor, no una conclusión independiente. Antes de la salida del volumen, el lector puede examinar el fragmento difundido por Vanity Fair, que expone una parte de la investigación y recoge varias negativas de los señalados.

La acusación de las cuentas

Cole relata que los servicios de inteligencia militar de los Países Bajos habrían obtenido acceso a imágenes de la pantalla del teléfono de Kushner tras localizar material robado por agentes rusos. Según fuentes a las que atribuye su reconstrucción, los neerlandeses observaron en 2018 que Kushner consultaba una cuenta en Emiratos a la que había llegado dinero desde un banco de Azerbaiyán. Ni las supuestas capturas de pantalla ni un informe de esa operación aparecen reproducidos en el adelanto. Tampoco hay una confirmación pública de la agencia neerlandesa citada.

El autor llama «Alpha» a una cuenta supuestamente abierta en First Abu Dhabi Bank a nombre de una fundación emiratí. Afirma que recibió alrededor de 750 millones de dólares de procedencia saudí y emiratí y que Kushner podía operar en ella como firmante autorizado. La distinción importa: Cole no sostiene que Kushner fuera el titular jurídico de esa cuenta. Sí plantea que la autoridad para mover fondos habría dado a un funcionario estadounidense un instrumento financiero ajeno a los controles ordinarios de su cargo. La defensa de Kushner niega que conociera a la fundación, tuviera vínculo con la cuenta o hubiera incumplido sus obligaciones legales.

Una segunda cuenta, denominada «Beta» en el fragmento, habría recibido cerca de 1.000 millones de dólares enviados por Mohamed bin Zayed a Israel, según Cole. Una persona informada de esa presunta operación le dijo que el dinero estaba destinado al beneficio personal de Kushner. El texto sitúa los fondos en el banco central israelí y atribuye al entonces embajador estadounidense David Friedman un papel de intermediario en las comunicaciones con Benjamin Netanyahu. Friedman rechaza haber conocido o facilitado ese supuesto arreglo; los abogados de Kushner sostienen que esa cuenta tampoco existió. El adelanto no publica una constancia bancaria que permita comprobar el depósito o identificar a sus beneficiarios.

Cole cifra en al menos 2.000 millones de dólares los fondos colocados en cuentas vinculadas, según su investigación, a Kushner. Esa cifra es una alegación sobre operaciones entre 2017 y 2018, cuando este ejercía como asesor de la Casa Blanca. No debe confundirse con otra inversión, posterior y documentada, en la empresa que fundó después de dejar el gobierno.

Qué sostiene la investigación y qué se puede comprobar

El fragmento combina testimonios sin nombre, personas descritas como conocedoras de los arreglos e información atribuida a servicios de inteligencia extranjeros. También cita a cuatro antiguos altos cargos de la administración Trump que dijeron no conocer una autorización presidencial para que Kushner manejara una cuenta de un gobierno extranjero. Su desconocimiento no demuestra por sí mismo que la cuenta existiera ni que Trump ignorara una operación real. Para establecerlo harían falta documentos identificables, testimonios contrastables u otra corroboración independiente.

Hay hechos públicos que ayudan a entender el contexto, pero no prueban la acusación central. Estados Unidos, Emiratos e Israel anunciaron en 2020 la normalización de las relaciones entre los dos últimos países. El acuerdo está documentado y Kushner participó en la diplomacia regional de aquella administración. Ninguno de esos hechos acredita que hubiera un fondo secreto detrás de la negociación.

También está documentada la relación financiera posterior entre Arabia Saudita y Affinity Partners, la firma creada por Kushner en 2021. Una investigación del Comité de Finanzas del Senado estadounidense, dirigida entonces por el demócrata Ron Wyden, registró un compromiso de 2.000 millones de dólares del fondo soberano saudí con Affinity y las comisiones pactadas por administrarlos. Esa información procede de la supervisión parlamentaria y de datos facilitados sobre la empresa; plantea preguntas sobre conflictos de interés, pero corresponde a un negocio después del servicio de Kushner en la Casa Blanca. No confirma las presuntas cuentas descritas por Cole durante el mandato anterior.

Las respuestas y lo que falta

Kushner calificó las acusaciones de falsas y dijo que los hechos narrados «nunca ocurrieron». Sostuvo que el autor no había mostrado extractos bancarios, registros de transferencias, números de cuenta ni fechas precisas de las operaciones. En su propio sitio publicó el 22 de octubre una carta de agosto de su abogado Alejandro Brito con respuestas punto por punto a preguntas de Cole. Allí niega conocer o haber tenido acceso a las cuentas de Emiratos o Israel y afirma que nunca existieron. Sobre la supuesta intrusión en su teléfono, la carta dice que Kushner no sabe si fue vigilado y que no recibió aviso de ello en sus informes de contrainteligencia. Otro abogado suyo, Chad Mizelle, afirmó que había enviado una carta de trece páginas a Simon & Schuster y anunció posibles acciones legales. El 24 de octubre pidió a Vanity Fair la documentación de respaldo y solicitó retirar el texto. Es la posición de la defensa; tampoco equivale por sí sola a una refutación documental de cada fuente confidencial del autor.

Trump, preguntado por la información el 23 de octubre, la llamó «una historia totalmente falsa». La Casa Blanca, por medio de su director de comunicaciones Steven Cheung, la describió como ficción y criticó que descansara en fuentes anónimas. Friedman negó expresamente la parte que le atribuye el adelanto. Hasta el 24 de octubre no se ha identificado una respuesta pública específica del Gobierno saudí ni del emiratí a las alegaciones de Cole. Esa ausencia de una declaración localizable no implica aceptación.

La discusión ha alcanzado también a los medios que recogieron el adelanto: The Jerusalem Post retiró su propia nota y explicó que había encontrado preguntas fácticas importantes sobre las transacciones descritas. Esa decisión no establece que la investigación de Cole sea falsa, del mismo modo que la publicación de Vanity Fair no vuelve ciertos los movimientos de dinero. CBS News señaló que no había verificado de manera independiente las afirmaciones del fragmento.

La salida del libro permitirá conocer si Cole ofrece más detalles sobre sus fuentes o documentos comprobables. Por ahora, el balance es más limitado: existe una investigación con acusaciones precisas y de gran gravedad; hay negocios posteriores de Kushner con fondos del Golfo que sí constan en registros parlamentarios; y los protagonistas aludidos niegan el relato de las supuestas cuentas durante su trabajo en el gobierno. Mantener separadas esas tres cosas es indispensable para que el lector entienda qué se sabe y qué sigue en disputa.