El documental de PBS sigue a Harry Washington, James Lafayette, Elizabeth Freeman y Abraham Skipwith. Sus decisiones muestran lo que exigía conseguir la libertad durante y después de la Revolución estadounidense.
Harry Washington huyó de la plantación de George Washington para unirse a los británicos. James Lafayette, también esclavizado en Virginia, espió para el bando que dirigía Washington. Los dos buscaron la libertad en una guerra que hablaba de derechos iguales sin garantizarles ninguno. Sus trayectorias abren la pregunta que recorre Declarations: Black Americans and the Revolutionary War: ¿qué podía significar la independencia para quienes seguían sometidos a la esclavitud?
Producido por VPM para PBS y dirigido por Stacey L. Holman, el documental enlaza esas historias con las de Elizabeth Freeman y Abraham Peyton Skipwith. No los presenta como acompañantes de los fundadores. Cada uno actuó sobre las posibilidades, estrechas y desiguales, que ofrecía el conflicto: escapar, obtener información, demandar o reunir recursos para comprar la libertad. El resultado no fue el mismo para todos ni llegó al terminar la guerra.
Algunas imágenes son recreaciones, no registros visuales del siglo XVIII. Parten de retratos pintados por el artista Hudson Campbell y animados con herramientas de inteligencia artificial; un marco negro irregular las distingue dentro de la película.
Harry Washington eligió las líneas británicas
En 1775, Lord Dunmore, gobernador real de Virginia, prometió la libertad a personas esclavizadas por rebeldes que se incorporaran a las fuerzas británicas. La oferta tenía límites: buscaba soldados para la Corona y no suponía una condena general de la esclavitud. Harry Washington, esclavizado por George Washington en Mount Vernon, aprovechó esa oportunidad para escapar y servir del lado británico.
Su historia continúa más allá de la derrota de Gran Bretaña. En 1783 salió de Nueva York hacia Nueva Escocia con otros refugiados negros. Después viajó a Sierra Leona, donde las cargas impuestas por la administración colonial volvieron a poner en disputa los derechos por los que había arriesgado su vida. El documental lo sigue hasta una protesta contra los impuestos: haber salido de la esclavitud no significaba haber alcanzado seguridad o autonomía.
James Lafayette ayudó en Yorktown, pero siguió esclavizado
James, entonces conocido como James Armistead, trabajó como espía para el marqués de Lafayette, aliado de las fuerzas estadounidenses. Se ganó la confianza de mandos británicos y transmitió información al otro bando durante la campaña de Virginia. El documental vincula sus informes con la operación que culminó en la rendición británica de Yorktown en 1781.
Terminada la guerra, James volvió a la esclavitud. La ley de Virginia que favorecía la emancipación por servicio militar no lo cubría porque había servido como espía, no como soldado. Una intervención del marqués de Lafayette respaldó su petición y la legislatura aprobó su libertad, efectiva en 1787. El desfase entre el valor de su trabajo y el reconocimiento de su derecho es uno de los contrastes más claros de la película.
Elizabeth Freeman llevó la igualdad ante un tribunal
En Massachusetts, la mujer conocida como Mum Bett vivía esclavizada en la casa de John y Hannah Ashley. Con ayuda del abogado Theodore Sedgwick, ella y otro hombre esclavizado, Brom, demandaron a John Ashley en 1781. Su argumento se apoyó en la nueva Constitución estatal, que proclamaba que las personas nacían libres e iguales. El jurado falló a favor de ambos. Bett adoptó el nombre de Elizabeth Freeman.
Su victoria no abolió por sí sola la esclavitud en Massachusetts. Junto con los posteriores juicios de Quock Walker, ayudó a establecer que esa institución no podía sostenerse bajo la Constitución estatal. El documental acierta al mostrar que la palabra «igualdad» adquirió fuerza jurídica porque personas privadas de ella exigieron que también se les aplicara.
Abraham Skipwith convirtió la libertad en un patrimonio
Abraham Peyton Skipwith sabía leer y escribir y había trabajado como empleado para un comerciante que lo mantenía esclavizado. En 1785 pidió a la Asamblea de Virginia que reconociera la libertad que ese hombre le había prometido. La petición no bastó: en 1789 pagó para emanciparse. Años después compró tierras en Richmond y dejó una casa y otros bienes a su familia. También logró comprar la libertad de su esposa y una nieta, aunque no de todos sus hijos.
Esa mezcla de logros y límites explica el cierre del documental. La casa de Skipwith, desplazada durante la construcción de una autopista en el siglo XX, sirve a investigadores y vecinos de Jackson Ward para reconstruir una historia que los relatos sobre los fundadores habían dejado al margen. Las cuatro vidas muestran que la libertad no llegó de una sola declaración: hubo que perseguirla mediante decisiones concretas, y aun así podía quedar incompleta para la familia y la siguiente generación.