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El gas europeo roza los 97 euros y vuelve a niveles de 2022 ante el invierno

El precio mayorista subió mientras las reservas de la UE rondaban el 74,6% de su capacidad. La cotización no equivale todavía a la factura de los hogares.

El precio mayorista del gas europeo volvió este lunes a niveles que no se observaban desde 2022. El contrato de referencia neerlandés TTF rozó los 97 euros por megavatio hora en la negociación de la mañana, mientras el mercado británico para entrega el mes siguiente llegó a 240 peniques por termia. El movimiento coincide con la llegada del frío, reservas europeas menores que las habituales para estas fechas y persistentes dificultades para recibir gas natural licuado desde el golfo Pérsico. No significa que los hogares vayan a pagar hoy ese precio por cada unidad de energía, pero aumenta la presión sobre facturas futuras.

La cifra de 97 euros es una cotización mayorista en un momento de la jornada, no una tarifa doméstica ni necesariamente el cierre del día. Otro reporte de mercado situó un máximo temprano en 95,73 euros por megavatio hora. Las diferencias responden al minuto de observación y al contrato consultado. Durante la mañana, la cotización se movió hacia la zona de 96 a 97 euros. El TTF sirve de referencia para contratos en distintos países, aunque la transmisión al recibo final depende de regulaciones, coberturas financieras, impuestos y fechas de revisión.

Un invierno con menos margen de almacenamiento

Los depósitos subterráneos de la Unión Europea estaban aproximadamente al 74,6% de su capacidad, según los datos de Gas Infrastructure Europe disponibles este lunes. Esa proporción mide cuánto espacio de almacenamiento está ocupado; no representa el porcentaje de la demanda invernal ya cubierto. El continente sigue recibiendo gas por gasoductos, producción propia y buques metaneros. El problema es que una reserva menor reduce el colchón disponible frente a una ola de frío o a interrupciones prolongadas de suministro.

La comparación también requiere fecha. Un nivel que sería cómodo al final de la primavera puede resultar ajustado al comenzar la temporada de calefacción. La prensa energética situó el almacenamiento actual por debajo del promedio de cinco años para esta altura del calendario. La menor entrada de cargamentos procedentes de Qatar, en medio de la guerra y las restricciones a la navegación en la región, ha obligado a Europa a competir por suministros alternativos. Asia participa en ese mismo mercado de gas licuado y sus compras pueden influir en el precio de los buques disponibles.

La tensión geopolítica añade una prima de riesgo. Informes sobre una posible nueva escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán han movido también el petróleo, aunque se trata de escenarios y no de ataques ya ocurridos en este episodio. El Brent retrocedía el lunes respecto al repunte previo. Gas y crudo son mercados distintos: la coincidencia de sus movimientos expresa temor a la oferta energética, pero no permite convertir el precio de uno en la causa mecánica del otro.

Qué puede ocurrir con las facturas

En el Reino Unido, el contrato mayorista mensual subió alrededor de un 4% hasta 240 peniques por termia, de acuerdo con la información de mercado publicada este lunes. Su impacto en la factura doméstica no es inmediato para todos los consumidores. Las compañías compran energía con antelación y los reguladores fijan o revisan límites bajo calendarios propios. Una previsión citada por la prensa británica apuntó a un posible aumento de los recibos en enero, pero esa estimación depende de la evolución posterior del mercado y no debe confundirse con una decisión regulatoria ya tomada.

En la Unión Europea tampoco existe una factura uniforme. Los hogares de España, Alemania o Francia tienen contratos, impuestos y sistemas de protección diferentes. La subida sostenida del gas suele trasladarse primero a compras mayoristas y a industrias intensivas en energía; después puede llegar a precios de electricidad o calefacción según la estructura de cada país. De ahí que la cotización actual sea una señal relevante para la economía, sin equivaler por sí sola a un aumento idéntico para todos.

La industria tiene otro problema: planificar producción con un insumo que cambia rápidamente de costo. Fertilizantes, química, vidrio y otros sectores pueden enfrentar márgenes más estrechos si el gas permanece caro. No hay datos en esta apertura de mercado que permitan calcular cierres de fábricas o pérdidas de empleo; ese sería un efecto eventual, condicionado por la duración de la subida y por los contratos de cada empresa.

La comparación con 2022 describe la altura de la cotización, no una repetición automática de aquella crisis. Desde la invasión rusa de Ucrania, Europa ha modificado fuentes de suministro, consumo y mecanismos de respuesta. También llega a este invierno con sus propias vulnerabilidades, sobre todo reservas inferiores a la referencia estacional y dependencia de cargamentos internacionales. El resultado final estará determinado por temperaturas, disponibilidad de gas licuado, flujos por gasoducto y capacidad de ahorro.

En las próximas semanas, la evolución del TTF será solo una parte del panorama. También cuentan las entradas y salidas diarias de los depósitos, los cargamentos efectivamente recibidos y la persistencia del precio mayorista. Si el repunte se revierte, la presión sobre consumidores podría ser menor que la sugerida por una sola mañana de negociación. Si se prolonga durante el frío, gobiernos y reguladores deberán explicar con más claridad cómo se trasladará a hogares e industrias.