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Los chips impulsan las exportaciones de Japón un 16,7%, pero la energía mantiene el déficit comercial

Las ventas al exterior encadenan trece meses de crecimiento. La factura de las importaciones aumenta más deprisa y revela la distancia entre el buen momento de la industria tecnológica y el coste de abastecer al país.

Japón exportó en septiembre un 16,7% más que un año antes, sostenido por los semiconductores, los equipos para fabricarlos y los automóviles. El avance, comunicado este miércoles por el Ministerio de Finanzas, prolongó a trece meses la expansión de las ventas exteriores. Sin embargo, no bastó para equilibrar el comercio: las importaciones crecieron un 18,9% y dejaron un déficit de unos 536.600 millones de yenes.

La combinación explica una aparente contradicción de la economía japonesa. Sus fabricantes venden más al extranjero, pero el país también paga más por lo que necesita comprar. La fortaleza de una parte de su industria convive con una factura energética elevada y con el efecto de un yen más débil sobre las operaciones denominadas en otras monedas.

El resultado quedó por debajo del aumento del 20,1% que esperaba la mediana de los economistas consultados por Reuters. La diferencia importa para evaluar el pulso de la demanda, aunque una previsión incumplida no convierte en caída un crecimiento de dos dígitos. Las exportaciones aumentaron; lo hicieron menos de lo que anticipaba esa encuesta.

Más facturación no significa el mismo aumento de mercancías

Las ventas exteriores alcanzaron 10,97 billones de yenes y las compras sumaron 11,51 billones. Pero la medición en dinero cuenta una parte de la historia: el índice de volumen exportado creció solo un 1,9% respecto de septiembre de 2025, mientras el de importaciones disminuyó un 1,6%.

El contraste, destacado también por la publicación financiera japonesa Kabutrack, obliga a separar cantidades, precios y moneda. Un aumento de la factura puede reflejar mercancías más caras o cambios del tipo de cambio, además de movimientos en el volumen transportado. No equivale automáticamente a un crecimiento semejante de la producción ni de los beneficios de cada fabricante.

La referencia cambiaria utilizada por las aduanas promedió 157,43 yenes por dólar en septiembre, frente a 147,61 un año antes. Es un promedio empleado en la estadística del mes, no la cotización del mercado al publicarse el informe. Para un importador japonés, una moneda más débil encarece en yenes una compra facturada en dólares, incluso si su precio exterior no cambia.

Las cifras ajustadas para retirar efectos estacionales añaden otra advertencia: las exportaciones bajaron un 1,1% frente a agosto. Esa variación mensual puede coexistir con el aumento interanual del 16,7%, porque utiliza una comparación distinta. El dato no sostiene una aceleración uniforme de las ventas.

La industria tecnológica sostiene el avance

Los componentes electrónicos y semiconductores registraron un aumento del 49,4% en el valor exportado. Los equipos utilizados para fabricar chips crecieron un 43,9%, y los automóviles, un 15,1%. Esos grupos figuraron entre los principales impulsores del resultado de septiembre.

Para los proveedores japoneses, la diferencia entre vender componentes y vender máquinas para producirlos es relevante. Una operación abastece productos que otros fabricantes incorporan a sus equipos; la otra sirve para ampliar o modernizar capacidad industrial. Agruparlas bajo una única cifra tecnológica ocultaría negocios distintos, aunque ambos hayan contribuido al crecimiento.

También conviene separar facturación exterior de rentabilidad. Un fabricante puede registrar más ventas en yenes y afrontar, al mismo tiempo, mayores costes de materiales o energía. La estadística aduanera informa sobre el comercio de mercancías; los márgenes, los pedidos futuros y el resultado de cada empresa se conocerán en sus cuentas.

El petróleo y el gas pesan sobre la otra mitad de la balanza

En las importaciones, el valor del crudo subió un 51,1% y el del gas natural licuado, un 39,2%. La presión de la energía ayuda a explicar por qué las compras crecieron más deprisa que las ventas, aun cuando el volumen total importado retrocedió.

Associated Press sitúa ese encarecimiento en el contexto de la guerra en Oriente Próximo y de las dificultades para abastecer de petróleo a Japón. El país depende del exterior para prácticamente todo el crudo que utiliza. El impacto rebasa a las compañías energéticas: alcanza al transporte y a actividades que emplean derivados del petróleo.

La comparación temporal también cambia la lectura del déficit. Septiembre mejoró frente a agosto, cuando el saldo negativo superó 1,11 billones de yenes. Pero empeoró respecto de septiembre de 2025, cuando fue de unos 277.700 millones. Es el quinto mes consecutivo en números rojos: una reducción mensual del desequilibrio no elimina su ampliación interanual.

En el conjunto de abril a septiembre, el déficit alcanzó aproximadamente 2,81 billones de yenes, según el balance semestral recogido por AP. Ese periodo corresponde a la primera mitad del ejercicio fiscal japonés y no debe confundirse con el dato mensual divulgado en el mismo informe.

Las cifras publicadas son preliminares y podrán revisarse conforme al procedimiento de las aduanas. Por ahora dejan una economía con capacidad para aprovechar la demanda tecnológica, pero expuesta al coste de conseguir combustible y otros insumos. El siguiente balance tendrá que mostrar si el crecimiento de las ventas puede superar esa presión importadora y sostenerse también en cantidades, además de en yenes.