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El FMI pide actuar contra la deuda antes de que los intereses obliguen a un ajuste más duro

El Fondo advierte hoy de que retrasar el ajuste reduce las opciones. El coste de financiar a los Estados aumenta y deja menos recursos para servicios, inversión y ayudas.

El Fondo Monetario Internacional pidió este miércoles a los gobiernos actuar antes de que el encarecimiento de la deuda les obligue a un ajuste más doloroso. Su advertencia reúne tres presiones que ya compiten dentro de los presupuestos: una deuda elevada, intereses más altos y demandas de gasto que siguen creciendo.

Rodrigo Valdés, director del Departamento de Asuntos Fiscales del FMI, señaló que la respuesta sigue siendo insuficiente en muchos países. El organismo sostiene que las grandes economías avanzadas deben recuperar margen de maniobra y que sus decisiones tienen consecuencias fuera de sus fronteras. La recomendación llega durante las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial en Bangkok.

La directora gerente, Kristalina Georgieva, centró parte de ese mensaje en Estados Unidos. Según Associated Press, dijo que las autoridades estadounidenses reconocen el problema del déficit y la deuda, y advirtió de que el crecimiento económico, aunque ayuda, no puede resolverlo con la rapidez necesaria.

Los intereses ocupan más espacio

La deuda se vuelve más difícil de manejar cuando financiarla cuesta más. No todo el endeudamiento existente cambia de precio de inmediato: una parte fue emitida a tipos fijos y vence más adelante. Pero al refinanciar títulos o pedir dinero nuevo, los gobiernos se enfrentan a las condiciones actuales del mercado.

Reuters recoge una estimación del FMI según la cual el coste medio efectivo de financiación de los gobiernos pasará del 2,3% de 2021 al 3,7% en 2031. Es una proyección, no el tipo que pagan hoy todos los Estados ni una cifra aplicable a cada bono.

La agencia también informa de que el rendimiento medio de los títulos públicos a diez años del Grupo de los Siete aumentó más de 110 puntos básicos entre febrero y septiembre. Es decir, más de 1,1 puntos porcentuales. El nivel alcanzado es el mayor en casi dos décadas, según el análisis citado.

Para un presupuesto, la consecuencia es sencilla: destinar más recursos a intereses deja menos espacio para otros usos, salvo que aumenten los ingresos o el endeudamiento. Lo difícil es decidir cómo repartir esa presión entre contribuyentes, servicios públicos e inversión.

Una carga que no se queda en los países ricos

Las consecuencias alcanzan a países que no participaron en las decisiones de gasto de las grandes economías. Georgieva advirtió de que la presión de la deuda resulta especialmente severa para los países de bajos ingresos, según Associated Press.

El contraste es especialmente duro en los países de bajos ingresos. Según las cifras recogidas por Reuters, los intereses absorben actualmente más del 15% de su recaudación tributaria, frente a alrededor del 9% de promedio entre 2011 y 2019. Cada pago reduce una capacidad de respuesta que ya era estrecha.

El análisis fiscal de octubre sitúa la deuda pública global en niveles históricamente altos y proyecta que superará el 100% del producto interior bruto mundial antes de 2030. Esa referencia describe una trayectoria agregada. No significa que todos los países tengan la misma deuda ni que una crisis sea inevitable en una fecha determinada.

Ajustar sin debilitar la economía

El análisis fiscal de octubre estudia cómo mejorar la recaudación sin frenar inversión, empleo y productividad. No prescribe una combinación universal de impuestos: el diseño debe responder a las condiciones de cada país.

Una vía es evitar que el impuesto al valor agregado se acumule como coste de producción cuando las empresas no recuperan plenamente lo pagado en sus insumos. Otra es revisar ventajas fiscales que desvían inversiones de usos más productivos.

El capítulo examina además incentivos laborales, apoyo a la innovación y administración tributaria. Para el debate político, el resultado importa: el efecto de un ajuste depende también de cómo se diseña, no solamente de cuánto dinero recauda.

La factura de proteger a hogares y empresas

La energía añade otra dificultad. En un análisis publicado en junio, el FMI había identificado casi 900 medidas adoptadas en unos 170 países desde el inicio de la guerra en Oriente Medio. Ese era el recuento de entonces, no una actualización de octubre. Muchas medidas limitaban el traslado de los mayores costes a consumidores y empresas.

El organismo advertía de que ayudas inicialmente temporales pueden prolongarse sin una fecha clara de salida. Los subsidios amplios y las reducciones tributarias sostenidas terminan consumiendo recursos que podrían necesitarse ante una nueva crisis.

Valdés reiteró este miércoles que la asistencia debe concentrarse en quienes la necesitan y ser limitada, temporal y transparente. El FMI considera que proteger de manera general todos los precios puede retrasar la adaptación a una menor oferta y tensar aún más las finanzas públicas.

La alternativa tampoco elimina el coste social. En su análisis de mayo sobre energía y alimentos, el Fondo destacaba que los hogares más pobres dedican una mayor parte de sus ingresos a esos productos y disponen de menos ahorro. Por eso propone apoyos dirigidos a familias vulnerables y asistencia de liquidez para empresas viables.

La dificultad para los gobiernos será convertir esas recomendaciones en decisiones sostenibles y socialmente defendibles. El FMI pide hacerlo mientras todavía pueden elegir el ritmo y el contenido del ajuste. Esperar a que los mercados impongan las condiciones, advierte, reduce las opciones precisamente cuando más se necesitan.