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La ONU proyecta 2,8 grados de calentamiento con las políticas actuales y urge a reducir emisiones

El informe de 2026 del PNUMA plantea limitar el tiempo y la magnitud de la superación de 1,5 grados. Cumplir los compromisos nacionales mejoraría la trayectoria, pero seguiría lejos del objetivo climático.

El mundo se encamina a un calentamiento de 2,8 grados
El mundo se encamina a un calentamiento de 2,8 grados © Imagen generada con IA

El mundo se encamina a un calentamiento de 2,8 grados respecto de la era preindustrial hacia 2100 si mantiene sus políticas actuales, advirtió este miércoles el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Su nuevo informe sobre la brecha de emisiones sostiene que ya no es posible mantener el aumento de temperatura por debajo de 1,5 grados sin una superación importante de ese umbral. La tarea pasa por reducir cuánto se rebasa y durante cuánto tiempo.

La advertencia no presenta 2,8 grados como una temperatura inevitable. Compara trayectorias sujetas a decisiones políticas y al cumplimiento de compromisos. Si todos los planes nacionales se ejecutaran y continuaran esfuerzos similares, el calentamiento se limitaría a unos 2,6 grados. Si, además, se alcanzaran las metas adicionales de emisiones netas cero, la estimación bajaría a 2,1.

La diferencia entre esos escenarios expresa el problema central: las medidas vigentes hacen menos que las promesas, y las promesas tampoco alcanzan para cumplir la ambición de París. El informe pide actuar sobre ambas distancias, sin presentar una meta anunciada para las próximas décadas como una reducción ya conseguida.

Qué significa superar el límite de 1,5 grados

El Acuerdo de París, adoptado en diciembre de 2015 y en vigor desde noviembre de 2016, busca mantener el calentamiento muy por debajo de dos grados y esforzarse por limitarlo a 1,5. La comparación es con los niveles preindustriales. No significa sumar otros 1,5 grados al calentamiento que el planeta ya ha experimentado.

El diagnóstico del PNUMA se refiere a promedios de varias décadas, no a la temperatura de un día, de una ciudad o de un único año especialmente caluroso. Esa distinción permite entender por qué superar temporalmente una marca anual y consolidar un nivel de calentamiento a largo plazo son cuestiones relacionadas, pero diferentes.

En su decimoséptima edición, el informe examina una trayectoria de superación lo más pequeña posible. En ella, el calentamiento alcanzaría alrededor de 1,7 a 1,8 grados hacia mediados de siglo y podría regresar a 1,5 o menos en 2100. El organismo calcula aproximadamente un 50% de probabilidad para ese retorno: describe una posibilidad exigente, no una recuperación garantizada.

El secretario general de la ONU, António Guterres, defendió al presentarse el diagnóstico que rebasar el umbral no debe llevar a abandonar el esfuerzo. Cada fracción adicional de grado y cada año por encima de 1,5 aumentan riesgos para la salud, los ecosistemas y las economías, según el organismo.

Los recortes necesarios siguen lejos de los planes

Para seguir esa trayectoria, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero tendrían que reducirse un 18% en 2030, un 45% en 2035 y un 69% en 2040, siempre respecto de 2025. El año de referencia es esencial: estos porcentajes no pueden compararse directamente con objetivos calculados sobre 1990, 2005 o 2019.

La ejecución íntegra de las contribuciones nacionales actuales produciría recortes bastante menores: entre un 5% y un 8% en 2030 y entre un 11% y un 15% en 2035, también sobre 2025. Son los planes que cada país comunica dentro del sistema del Acuerdo de París, conocido por las siglas NDC.

El PNUMA atribuye el empeoramiento de las proyecciones frente al informe anterior a la retirada estadounidense de París y a revisiones de las estimaciones históricas de emisiones. El registro de la convención climática de la ONU sitúa la salida de Estados Unidos el 27 de enero de 2026. No se trata, por tanto, de una decisión pendiente en este calendario.

Reuters destacó que los nuevos planes presentados desde el informe anterior apenas han modificado las proyecciones. El problema no consiste únicamente en anunciar una intención más ambiciosa: hacen falta políticas capaces de cambiar las emisiones efectivas.

Retirar carbono también tiene límites

Volver a 1,5 grados exigiría, además de recortar emisiones, retirar dióxido de carbono de la atmósfera y almacenarlo de manera permanente. La trayectoria examinada contempla unas 320 gigatoneladas a lo largo de este siglo, equivalentes a 320.000 millones de toneladas. Es una cantidad acumulada, no una obligación anual.

El propio informe advierte de las dificultades tecnológicas y socioeconómicas de alcanzar esa escala. Por eso, la retirada futura no elimina la necesidad de reducir las emisiones presentes. Cuanto más se retrase el descenso, mayor será la carga que habrá que resolver después y menor el margen para limitar el máximo de temperatura.

El diagnóstico también recoge avances. La expansión de las energías renovables ha superado las expectativas formuladas al adoptarse París, y las evaluaciones de políticas climáticas documentan reducciones de emisiones en distintos países y sectores. El desafío es extender esos resultados y mantenerlos, en lugar de suponer que algunos éxitos locales ya han cambiado la trayectoria mundial.

Para Estados Unidos, Europa y Japón, como para el resto de las economías, el examen será la aplicación de decisiones sobre energía, transporte, industria y eficiencia. El informe no convierte sus cálculos en una nueva obligación legal de cada país. Señala cuánto separa al esfuerzo colectivo de la temperatura buscada y por qué reducir esa distancia sigue teniendo valor, incluso cuando el límite de 1,5 grados se vuelve más difícil de preservar.