Home Arqueología

Miercoles 09 de Septiembre del 2026

Chan Chan: una tumba de la élite chimú permaneció sellada 600 años

Autor: RS Historia


El hallazgo de una plataforma funeraria intacta con 38 individuos en el conjunto Utzh An ofrece a la arqueología peruana algo casi inédito: un entierro de alto rango que los saqueadores nunca encontraron


chan_chan_tumba_elite_chimu_intacta_600_anos

Un equipo de arqueólogos del Ministerio de Cultura descubrió en el complejo arqueológico de Chan Chan, en la región La Libertad, una plataforma funeraria de aproximadamente 600 años de antigüedad que conserva los restos de al menos 38 individuos y un conjunto de objetos asociados a la nobleza del reino chimú. El hallazgo fue calificado como excepcional por el propio ministerio y presentado el martes en el sitio, a pocos kilómetros de Trujillo.

El descubrimiento se produjo en el conjunto amurallado Utzh An, el antiguo Palacio Gran Chimú y el más extenso de los diez recintos monumentales de Chan Chan. Los trabajos forman parte de las investigaciones y labores de conservación que ejecuta el Proyecto Especial Complejo Arqueológico Chan Chan, que hasta julio registraba un avance cercano al 79 por ciento en ese sector.

Lo que distingue a este hallazgo no es solo su contenido, sino su estado. En Chan Chan, prácticamente todos los entierros de élite documentados hasta ahora fueron alcanzados por el saqueo, buena parte de él durante la época colonial, cuando la búsqueda de metales preciosos desmanteló sistemáticamente las plataformas funerarias de la ciudad. Esta permaneció sellada.

La estructura tiene una cámara central de 1,2 metros de ancho por 5 metros de fondo, a la que se accede por una entrada y una escalinata que desciende unos 2,5 metros desde el nivel de trabajo. En su interior hay además una hornacina. A los costados se abren dos cámaras laterales con contenidos claramente diferenciados.

En la cámara principal fueron hallados los restos de un individuo perteneciente a la nobleza chimú, acompañado de numerosas piezas elaboradas en concha y metal. La disposición del cuerpo y de las ofrendas será uno de los elementos centrales del análisis posterior, porque permite establecer con precisión la relación entre el personaje y los sectores de mayor rango de esa sociedad.

Una de las cámaras laterales concentraba armas y emblemas de metal. La otra reunía una veintena de individuos sepultados que, sumados a otros 18 identificados previamente en la misma plataforma, elevan el total a 38 personas.

Los investigadores determinaron que los restos óseos corresponden a individuos vinculados con grupos distinguidos de la nobleza chimú. Sobre y alrededor de los esqueletos se encontraron finos ornamentos y bienes ceremoniales, entre ellos aplicaciones de cinabrio, un pigmento de mercurio de color rojo intenso que en los Andes prehispánicos estaba reservado a contextos rituales y a personajes de alto estatus, y cuyo uso implicaba además redes de intercambio a larga distancia.

Uno de los entierros se aparta del patrón conocido. En el fondo de una de las cámaras, el cuerpo fue colocado completamente extendido, una disposición inusual frente a los entierros chimú, caracterizados por posiciones flexionadas o flexionadas sentadas. Para el Ministerio de Cultura, esa particularidad abre interrogantes sobre las circunstancias de la muerte, entre ellas la posibilidad de un ritual de sacrificio o de una diferencia jerárquica extrema respecto del resto del conjunto. Todas esas hipótesis deberán evaluarse con las investigaciones en curso.

Entre los materiales recuperados figuran alrededor de 200 vasijas de cerámica negra con pigmentos rojos, característica de la producción chimú tardía. A ellas se suman unas 60 piezas, entre botellas de asa estribo y otras vasijas, con una clara influencia estilística inca. Ese detalle es más significativo de lo que parece: confirmaría que la plataforma estuvo en uso durante el periodo de interacción y posterior anexión del reino chimú al Tahuantinsuyo, ocurrida hacia 1470.

El conjunto incluye además objetos de cobre y oro, armas de metal y elementos de madera. Entre estos últimos destacan un tótem colocado originalmente en una de las cámaras y una caja de madera de entre 10 y 15 centímetros que contenía telas de finísima factura, un material que rara vez sobrevive en condiciones que permitan su estudio.

Chan Chan fue la capital del reino chimú, una sociedad preinca que se desarrolló en la costa norte del Perú entre los años 900 y 1470 de nuestra era. En su momento de mayor expansión, su territorio llegó a extenderse aproximadamente mil kilómetros a lo largo del litoral del Pacífico, desde la frontera actual entre Perú y Ecuador hasta el valle de Lima. La ciudad, construida íntegramente en barro, es la mayor de su tipo en la América prehispánica y figura desde 1986 en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, en la categoría de sitios en peligro por la erosión y las lluvias intensas.

El arqueólogo Jorge Meneses, responsable del proyecto de inversión del complejo, subrayó que el hallazgo tiene un valor excepcional para la arqueología peruana porque permitirá comprender los patrones funerarios de estos individuos. Al no haber sido saqueado, dijo, el conjunto acerca a los investigadores al periodo tardío del Gran Chimú, incluyendo los años de ocupación inca.

El ministro de Cultura, Alberto Beingolea, remarcó que el descubrimiento permite estudiar individuos y artefactos en el estado exacto en que fueron depositados hace aproximadamente seis siglos, y precisó que la investigación y la conservación serán las siguientes etapas del trabajo.

Los estudios posteriores buscarán aportar información sobre dos frentes: los patrones funerarios de la élite chimú y la ocupación inca posterior a la conquista del valle de Moche. Para una ciudad que ha sido excavada durante décadas y saqueada durante siglos, encontrar un contexto cerrado de este rango no es un episodio aislado, sino el resultado de un trabajo sostenido de investigación y conservación que viene de años atrás.