Apple presentó este miércoles en Cupertino el iPhone Duo, su primer teléfono plegable, en un evento titulado Surprise and Shine que fue además el debut de John Ternus como director ejecutivo de la compañía tras la salida de Tim Cook a comienzos de este mes. El dispositivo parte de 1.999 dólares en su configuración de 256 gigabytes y llega, en las versiones de mayor almacenamiento, hasta alrededor de 3.199 dólares. Es el iPhone más caro que Apple haya vendido.
La cifra no es un detalle secundario. Es probablemente la decisión más importante del anuncio.
El Duo adopta el formato de libro que ya conocemos por la competencia: cerrado funciona como un teléfono convencional con una pantalla exterior de unas 5,5 pulgadas, y abierto despliega un panel interno cercano a las 7,6 pulgadas, con una experiencia más próxima a la de una tablet pequeña. El chasis es de titanio, el procesador es el nuevo chip A20 Pro, lleva 12 gigabytes de memoria unificada, un módem C2 de desarrollo propio y un sistema fotográfico trasero doble de 48 megapíxeles. Es compatible con el Apple Pencil. Estará disponible en dos colores y las entregas comienzan en octubre.
El argumento técnico central de Apple es el que cabía esperar de una empresa que llega siete años después que Samsung a esta categoría: la bisagra y el cristal ultradelgado desarrollados para reducir al mínimo la marca central del pliegue, el defecto visible que ha acompañado a los plegables desde el primer Galaxy Fold. Los analistas presentes coincidieron en que el resultado es notablemente mejor que lo disponible hasta ahora.
Ese es, en esencia, el modelo de negocio de Apple aplicado una vez más: no ser primero, sino esperar a que una categoría madure lo suficiente como para resolver sus defectos de origen y entrar entonces con una versión pulida. Funcionó con el reproductor de MP3, con el smartphone, con el reloj y con los auriculares inalámbricos. La pregunta es si funciona igual cuando el precio de entrada duplica el de un teléfono insignia convencional.
Porque en el mismo evento Apple presentó los iPhone 18 Pro y 18 Pro Max, que llegan al mercado el 18 de septiembre a 1.199 y 1.299 dólares respectivamente en sus versiones de 256 gigabytes. El Pro sube cien dólares respecto del iPhone 17 Pro del año pasado. Con esos números, el Duo no compite contra el resto de la gama: se coloca en un escalón aparte, más cerca del precio de una laptop que del de un teléfono.
Hubo también una ausencia llamativa. Por primera vez en años, Apple no acompañó el lanzamiento de septiembre con un iPhone base convencional. La keynote quedó dedicada íntegramente a la gama ultra premium, lo que sugiere un reordenamiento del calendario de producto: septiembre para lo caro, otro momento del año para lo masivo. Es un cambio estructural en cómo la compañía ha organizado sus lanzamientos durante más de una década.
Completaron el anuncio el Apple Watch Series 12 y el Ultra 4, junto a unos AirPods 5 con mejoras en la cancelación de ruido.
El contexto de mercado ayuda a entender el precio. Los plegables llevan años como una categoría de nicho rentable pero estancada: Samsung, Huawei, Honor y Oppo han iterado el formato sin lograr que se vuelva mayoritario. A eso se suma un factor que ha encarecido toda la industria en los últimos meses, la escasez de memorias, que presiona el costo de materiales de cualquier dispositivo de gama alta. Apple no está fijando un precio en el vacío.
Para América Latina, la aritmética es más dura. Un precio base de 1.999 dólares se convierte, tras impuestos, aranceles y márgenes locales, en cifras que en varios mercados de la región superan holgadamente el equivalente a varios salarios mensuales promedio. En Chile, la versión de 256 gigabytes se anunció en torno a los 2,5 millones de pesos, y las configuraciones superiores se acercan a los cuatro millones. En la práctica, el Duo entra a la región como un objeto aspiracional antes que como un producto de volumen, y su circulación real dependerá de planes de financiamiento, de la reventa y del mercado gris, como ya ocurre con la gama Pro.
Apple, consciente de ello, ofrece opciones de arrendamiento del dispositivo, un movimiento que dice bastante sobre cómo la propia compañía evalúa la elasticidad de ese precio.
La pregunta de fondo no es si el iPhone Duo es un buen teléfono. Con esas especificaciones y ese nivel de integración, casi con seguridad lo es. La pregunta es si Apple puede hacer con los plegables lo que hizo con los relojes inteligentes y los auriculares: tomar una categoría que existía, no despegaba y estaba llena de compromisos técnicos, y convertirla en el estándar que todos los demás terminan copiando.
El primer indicador llegará en octubre, cuando empiecen las entregas. El segundo, más revelador, llegará el próximo año, cuando sepamos si Apple lanza una versión más barata. Esa decisión dirá si la compañía considera el formato plegable el futuro del iPhone o solamente su vitrina más cara.