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Sabado 19 de Septiembre del 2026

El taller donde los galos acuñaban oro: hallan en Corent la mayor casa de la moneda del mundo antiguo

Autor: RS Historia


En la meseta de Corent, en el corazón de Francia, los arqueólogos han sacado a la luz el complejo monetario galo donde los arvernos batían estáteras de oro y plata antes de la guerra de las Galias.


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En una meseta basáltica del centro de Francia, a media hora al sur de Clermont-Ferrand, un equipo de arqueólogos acaba de desenterrar lo que podría ser la mayor ceca del mundo antiguo. No una acuñación romana ni griega, sino un taller galo: el lugar donde, en las décadas previas a la guerra de las Galias, el pueblo de los arvernos batía sus estáteras de oro y plata.

El sitio es el oppidum de Corent, un poblado fortificado galo que los especialistas excavan desde hace un cuarto de siglo. La campaña de este verano, dirigida por el arqueólogo Matthieu Poux, de la Universidad de Lyon, cerró a mediados de septiembre con un balance que sus autores no dudan en calificar de excepcional. Sobre unos quinientos metros cuadrados, un centenar de estudiantes y voluntarios sacó a la luz un edificio fuera de norma: un muro de uno a dos metros de espesor y al menos cuarenta de largo, atravesado por un paso estrecho y flanqueado por una hilera de pequeñas celdas con hogares y hornos, abastecidas de agua.

El edificio prolonga un taller de moneda de bronce hallado en 2024. Pero hay una diferencia que lo cambia todo. Aquel primer taller tenía una estructura de madera, típicamente gala; el nuevo está construido en piedra, con una factura que evoca la arquitectura mediterránea. Los galos, lejos del cliché escolar del bárbaro melenudo, dominaban una industria monetaria organizada al detalle.

Un control de hierro sobre el metal precioso

Un detalle revela el rigor de aquel establecimiento. Mientras que en 2024 abundaban los desechos de fabricación y los rosarios de cospeles sin terminar, este año no apareció un solo residuo metálico: apenas unas escamas de oro y plata adheridas a las herramientas recuperadas —pequeños yunques, cinceles y martillos—. Todo apunta a un lugar de control draconiano, donde no debía perderse ni una onza de metal precioso. El propio Poux llega a imaginar que a los obreros se les registraban los bolsillos cada noche.

La pieza mayor de la campaña es un disco de plomo que lleva la impronta de dos punzones de una variante de estátera bien conocida en territorio arverno, la llamada «del auriga y las ruedas cuadripartitas». Bajo aumento se adivinan el lomo de un caballo, un jinete y el arranque de una rueda de carro; en el reverso, una cabeza rizada estilizada que representa a la autoridad emisora. Esos motivos solo aparecen en las monedas de oro y plata de la época: la prueba, largamente buscada, de que en Corent no se acuñaba únicamente el bronce local, sino también metal precioso.

Según la numismática Katherine Gruel, del CNRS, que participó en la excavación, este tipo de disco —del que solo se conoce otro ejemplar galo, hallado en Grenoble— servía para probar la eficacia del cuño y para que el comitente validara la efigie antes de lanzar la producción. Las improntas del disco de Corent fueron después desfiguradas con un buril, para impedir cualquier molde fraudulento. La lucha contra la moneda falsa no es de ayer.

Otros indicios completan el retrato de una industria sofisticada: un raro punzón de bronce con un rostro estilizado; piedras pulidas cuyo desgaste sugiere que cada pieza se limaba al final de la cadena para ajustar el peso exacto; y numerosos sílex que, mezclados con sal, permitían separar el oro de la plata en el electro. Corent parece haber dominado toda la cadena, del mineral en bruto al producto acabado.

Los arvernos, una potencia del hierro y el oro

Para entender la magnitud del hallazgo conviene recordar quiénes eran los arvernos. Instalados en el Macizo Central, en la actual Auvernia, fueron uno de los pueblos más poderosos y ricos de la Galia, rivales de los eduos por la primacía de la región. Su fuerza descansaba en la agricultura intensiva de la llanura de la Limaña y, sobre todo, en los recursos minerales de las tierras altas: minas de oro y plata explotadas desde hacía siglos.

La moneda llegó a la Galia por imitación. Los primeros estáteras de oro célticos copiaban las piezas de Filipo II de Macedonia, con la cabeza de Apolo y su carro, que habían circulado como paga de mercenarios. Con el tiempo, cada pueblo desarrolló su propia iconografía. Los arvernos acuñaron potines de bronce con el toro inspirado en Marsella y, ya en el siglo I antes de nuestra era, estáteras de oro y plata batidos bajo el control directo de la autoridad política. Su moneda circuló lejos: en el bajo valle del Ródano, más de la mitad de las piezas galas son arvernas.

Corent era el corazón de ese sistema. Las enormes cantidades de ánforas vinarias italianas halladas en la meseta atestiguan una importación masiva de vino, pagada con metales, sal, productos del campo y esclavos. Era una economía abierta al Mediterráneo mucho antes de que las legiones cruzaran los Alpes.



¿La capital de Vercingétorix?

Más allá de la proeza técnica, el descubrimiento reaviva un viejo debate entre arqueólogos: el del rango respectivo de Corent, Gergovia y Gondole antes de la conquista romana. Poux lo sostiene desde hace tiempo: con su vasto santuario, su barrio artesanal, su plaza pública y su hemiciclo de asamblea, fue Corent —y no Gergovia, a siete kilómetros— la verdadera capital de los arvernos.

Gergovia es donde Vercingétorix infligió a César su célebre derrota en el año 52 antes de nuestra era, pocos meses antes de la caída definitiva en Alesia. Según la hipótesis del arqueólogo, el jefe galo habría vaciado su capital para concentrar sus fuerzas en Gergovia y evitar que Roma se apoderase de sus riquezas, como ya había hecho en la Bourges de entonces. Descubrir que en Corent se batía moneda de oro refuerza esa lectura: allí estaba el tesoro. Tras la victoria romana, los dos oppida se apagarían en beneficio de Augustonemetum, la futura Clermont-Ferrand.

La investigación no ha hecho más que empezar. El yacimiento ha sido cubierto de nuevo para protegerlo de los saqueadores hasta la próxima campaña, y el equipo busca financiación para analizar los hallazgos y reanudar las excavaciones en 2027. De momento, un disco de plomo apenas mayor que una moneda ha bastado para confirmar lo que durante décadas fue solo una sospecha: que en esta colina de Auvernia los galos fundían, pesaban y sellaban el oro con la precisión de un Estado.