La pregunta clave para iniciar este texto es: ¿El éxito es realmente mérito individual o una consecuencia de privilegios? El libro ¿De qué colegio eres? La reproducción de la clase alta en el Perú de Álvaro Grompone Velásquez, Luciana Reátegui y Mauricio Rentería cuestiona una de las ideas más arraigadas en nuestra Lima: el esfuerzo basta para triunfar.
A partir de un análisis de trayectorias educativas y profesionales de la élite limeña, este estudio revela una fuerte focalización de oportunidades desde edades tempranas. Uno de los datos más potentes señala que cerca del 60% de los puestos que lideran las grandes empresas están ocupado por egresados de colegios privados de élite. Más aún, cerca del 65% de estos perfiles provienen de un grupo de diez colegios élite limeños, lo cual evidencia que el acceso al poder está altamente concentrado y no está distribuido de manera equitativa.
Entre los colegios más destacados están el Colegio Santa María Marianistas, Colegio Markham, Colegio Roosevelt y Colegio San Silvestre. Estas instituciones no solo ofrecen educación de alta calidad sino que funcionan como puntos claves de socialización donde se construyen redes de contacto que acompañarán a sus estudiantes durante toda su vida.
El libro muestra que estas redes se activan incluso antes de ingresar al mercado laboral. Aproximadamente el 70% de los egresados de estos colegios accede a universidades altamente selectivas como la Pontificia Universidad Católica del Perú, Universidad de Lima y la Universidad del Pacífico. Este tránsito no es casual ya que está respaldado por la preparación académica, el dominio de idiomas, asesorías especializadas y, sobre todo, un entorno familiar que facilita estas rutas.
A nivel internacional, el estudio menciona que cerca del 30% de estos estudiantes continúa estudios en el extranjero, especialmente en Estados Unidos y Europa, fortaleciendo más su capital social y cultural. Los estudios internacionales no solo mejoran sus credenciales académicas sino que el networking realizado les permite acceder a redes globales que luego se transforman en ventajas competitivas en el mercado laboral peruano.
Pero este privilegio y redes no solo se realizan en el ámbito educacional. El libro señala que más del 55% de los perfiles analizados es socio en clubes sociales exclusivos como el Club Nacional o el Lima Golf Club. Estos espacios funcionan como extensiones de las redes escolares y universitarias, donde frecuenta el mismo público y ahí se consolidan relaciones amicales que facilitan el acceso a escalar laboralmente, acceso a directorios empresariales y posiciones de influencia.
Otro dato clave es la baja representación de sectores no privilegiados en estos puestos. Menos del 10% de quienes ocupan cargos de alta dirección proviene de colegios públicos, lo que refleja que los niveles más altos de la estructura económica se desenvuelve en círculos reducidos y espacios exclusivos de Lima. Esto pone en evidencia que, aunque el discurso meritocrático es dominante, las condiciones de partida siguen siendo determinantes.
Los autores destacan que cerca del 75% de los entrevistados reconocieron haber accedido a escalar laboralmente a través de contactos personales, lo que refuerza la idea de que las redes sociales juegan un rol central en la reproducción del privilegio. En muchos casos, estas oportunidades de directorios o jefaturas no se publican ni se compiten abiertamente sino que se busca dentro de círculos cerrados.
En este contexto, la pregunta que la clase social alta realiza al conocerse: “¿de qué colegio eres?” adquiere un significado mucho más profundo. No se trata de una simple curiosidad sino de un mecanismo de clasificación social que permite identificar rápidamente el origen, las redes, gente en común y las oportunidades de una persona. Es un código implícito que ordena la interacción social en Lima y que, muchas veces, define el acceso —o la exclusión— de ciertos espacios.
Los autores también subrayan cómo estas dinámicas se ven reforzadas por factores culturales. La pertenencia a determinados colegios no solo otorga contactos sino también códigos de comportamiento, formas de hablar, referencias culturales y genera una confianza en sí mismos que resulta clave en entornos competitivos. Este “capital simbólico” se convierte en una ventaja invisible pero poderosa.
Además, el libro evidencia que estas redes tienden a ser muy cerradas y exclusivas. Es decir, las relaciones sociales, profesionales e incluso familiares se construyen dentro de los mismos círculos, lo que refuerza la homogeneidad y dificulta la apertura hacia otros sectores. Este fenómeno contribuye a la reproducción intergeneracional del privilegio, donde las oportunidades se heredan tanto como los recursos económicos.
En términos de desigualdad, el impacto es significativo. Cuando las oportunidades se concentran en un grupo reducido, el talento de otros sectores queda desaprovechado. Esto no solo limita las trayectorias individuales sino que afecta el desarrollo del país en su conjunto, al restringir la diversidad de perspectivas en espacios de toma de decisiones.
El estudio en mención no niega la importancia del esfuerzo individual pero sí cuestiona su capacidad de operar en igualdad de condiciones. Mientras algunos parten con acceso a educación de calidad, redes consolidadas, espacios sociales cerrados y respaldo familiar, otros enfrentan barreras estructurales que dificultan su avance. En este sentido, la meritocracia aparece más como un ideal que como una realidad aplicada.
En una ciudad como Lima, donde la fragmentación social es evidente en múltiples niveles —educativo, urbano, económico—, estas conclusiones resultan especialmente trascendentes. La concentración de oportunidades no es un fenómeno aislado sino parte de una estructura más amplia que reproduce desigualdades de manera sistemática.
La reflexión final que plantea el libro es tan incómoda como necesaria. Si el éxito no depende únicamente del mérito, entonces quienes han tenido acceso a estos circuitos privilegiados enfrentan una responsabilidad adicional. No se trata solo de reconocer el privilegio sino de actuar en consecuencia.
Abrir redes, democratizar oportunidades, cuestionar prácticas excluyentes y promover espacios más diversos son algunos de los desafíos que emergen de este estudio. En lugar de reproducir los mismos círculos cerrados, la invitación es a transformarlos en plataformas de inclusión.
Porque, al final, la pregunta ya no es solo “¿de qué colegio eres?” sino qué hacemos con esa respuesta y qué hacemos con los privilegios obtenidos en los diferentes niveles. En una Lima donde las oportunidades siguen marcadas por el origen, el verdadero reto es convertir los privilegios en puentes y no en barreras.