• Siganos en:
Home Mundo

Después del 27 de octubre en Argentina todo seguirá igual

Hace 29 años un candidato a la presidencia del Perú, solo ofreció a sus electores una cosa: Sacrificio. Hoy en Argentina, ninguno de los candidatos a la presidencia parecen capaces de solicitar, mediante el voto, esa cuota de Sacrificio que necesita el país para alejarse de esta perpetua crisis económica.

En la campaña para la presidencia de Perú en 1990, un candidato: Mario Vargas Llosa, hizo algo impensado para un político peruano, y latinoamericano en general, no ofreció empleos, subir el sueldo de los empleados, ni muchos menos reducir el precio de los productos básicos. Todo lo contrario, pedía algo a sus electores: Sacrificio. Repetía una y otra vez en mítines y entrevistas en medios que cuando votaran lo hicieran con esperanza. Que aquella crisis económica que castigaba por varios años al Perú solo sería revertida si cambiaba el sistema económico peruano, era dejar atrás una política de control de precios, burocrática, que ponía trabas a la empresa privada, que gravaba con altos impuestos los productos importados. Peru tenía la más alta inflación del mundo, el PBI llevaba años decreciendo, y libraba una guerra contra, el quizás más sanguinario grupo terrorista maoísta latinoamericano, Sendero Luminoso, capaz de masacrar pueblos enteros que no se sometían al pensamiento de su líder, el camarada Gonzalo.

En ese panorama desolador, el que un candidato ofreciera a un país en recesión, golpeado por el terrorismo, empobrecido y sin esperanzas en el corto plazo, más sacrifico era una locura, y de una inocencia política desgarradora. Vargas Llosa no era un político tradicional, creía que la única manera de legitimar su ideario político y económico debía ser por los votos. Por supuesto perdió la elección, aunque alcanzo el 35% de votos. Casi un tercio de peruanos creyó en él, y considero que con sacrificio el Perú saldría adelante. Dos tercios de la población, en cambio, quiso creer en un pequeño y endeble profesor universitario, Alberto Fujimori, que repetía slogans no ideas. Que ofrecía una salida fácil a la crisis.

A los pocos días de asumir la presidencia peruana, Alberto Fujimori hizo lo que Vargas Llosa había ofrecido en campaña, eliminar el control de precios, la libertad de divisas, la libre importación… Fue un shock económico lo que Fujimori aplico en Perú, era la única forma, quizás ya lo sabía mientras hacía campaña por la presidencia, y negaba que liberalizaría la economía peruana como proponía su oponente político, para detener la inflación, y reactivar la economía.

Veintinueve años después, en las elecciones argentinas, ningún candidato parece querer caer en el error de Vargas Llosa, ninguno se atreve a pedir solo una cosa a los argentinos: Sacrificio. Sin sacrificio será imposible que Argentina salga de la crisis económica, al que parece condenado por siempre. Lo que no dicen ni Macri, ni Fernández en campaña, es que el modelo económico argentino solo ha traído pobreza y atraso a la nación. Y sin el sacrificio de todos los argentinos, aceptando cambiar el sistema económico de raíz, no será posible reanimar la economía y alcanzar el sitial que merece en el concierto de las naciones prosperas.

La situación es difícil, buena parte de los gastos del estado argentino son sociales, pago de pensiones, subsidios para las familias más pobres, que dependen de las ayudas del estado. Macri intento reducir los subsidios del estado a sectores como energía y transporte, pero también fracaso en ello, las tarifas en agua, electricidad y transporte se elevaron, pero el estado aún sigue subsidiando dichos sectores. En buena cuenta Macri en sus 4 años en el poder, no se atrevió a dejar al mercado el futuro de los servicios públicos argentinos, y tanto las empresas como los consumidores se mantienen en el limbo. Los primeros acusan de no poder obtener las ganancias suficientes que les permitiría invertir en ampliar la oferta del servicio, y los segundos, los consumidores argentinos, acusan una reducción efectiva de sus ingresos, producto de la inflación, y la crisis económica, que les hace difícil afrontar el pago de los servicios si estos aumentan. Un Círculo perverso, que otras naciones han padecido y consiguieron revertir. 

 

Las experiencias de Perú y Chile deberían de guiar a cualquiera de los dos candidatos con más opción. Ambas naciones han mantenido el modelo económico sin mayores cambios en las últimas décadas, a pesar de la transición en Chile, de la dictadura a la democracia, el modelo se mantuvo, aun por regímenes de corte socialista. Lo mismo ha pasado en Perú, donde a pesar de la fuga a Japón del dictador Fujimori, el modelo que este impuso antes de dar el golpe de estado en 1992, ha sido mantenido con algunas mejoras.  Ambos países tienen menos potencial económico que la Argentina, que tiene un territorio rico, extenso, y menos agreste que estos países. Han sido capaces con sus políticas liberales de reducir la pobreza e incrementar su producción industrial, de servicios y agroexportadora. Hoy Argentina tiene proporcionalmente más pobres que Perú y Chile. Los bancos chilenos y peruanos ya han superado a sus pares argentinos, ni que decir de la diversificación de su industria, o las exportaciones. Asi mismo en la relación entre deuda pública y PBI, ambos países alcanzan un 25%. Mientras Argentina tiene una deuda pública cercana al 90% del Producto Interno Bruto (PIB). Una deuda inmanejable, si se mantienen las políticas económicas que el peronismo y Macri han seguido estos últimos 16 años.

 

Déjanos tus Comentarios