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El problema Venezolano

Autor: Jonathan Yaranga

En la puerta de un Mifarma ubicado en la avenida Alcázar en el Rimac ha aparecido este letrero. En dicho lugar hasta hacía poco un grupo de inmigrantes venezolanos se dedicaban al comercio ambulatorio y servicio de mototaxi. Ahora han sido expulsados por otros trabajadores informales pero que son peruanos y que consideraban que los estaban invadiendo.

Escenas como esta se están repitiendo a lo largo y ancho de la capital. Este un tema delicado de tratar pues se corre el riesgo de herir susceptibilidades, hacer afirmaciones que puedan ser tildados de xenófobas o por el contrario ser considerado "venecolover" por otros que todo lo simplifican a epítetos. Bueno, allá vamos. Analicemos la situación. Se trata sin duda de la peor crisis humanitaria del siglo XXI en América Latina. Yo que he estudiado historia nunca había tenido conocimiento de una migración tan numerosa, tan abundante en el Perú, desde el incanato o la colonia, podría compararse en cantidad tal vez a la migración forzosa de negros del África, pero esta fue sistemática y a través de siglos. Podría afirmarse entonces que jamás el Perú recibió tan enorme migración extranjera. Se calcula que ya están bordeando el millón. Se comprende entonces que esta ocupación, abrupta e impuesta, genere con el tiempo un malestar entre la población local. Era de esperarse.
  
El problema, creo yo, ha sido la apertura sin trabas, sin filtro, de la frontera, responsabilidad del ex presidente Pedro Pablo Kuczynski que abrió las puertas del Perú de par en par sin ningún tipo de control. Es por eso que se colaron personas de mal vivir, delincuentes, que solo han venido a continuar su vida criminal. La solución aquí es que las autoridades se pongan las pilas y atrapen a estos indeseables para deportarlos, pues hacen quedar mal a los venezolanos honestos que han venido de buena fe.
  
Lo que se debió hacer, a mi parecer, para aliviar la situación en la capital es distribuir a los extranjeros por las distintas provincias del Perú. La mayoría de migrantes se ha concentrado en Lima, una ciudad ya de por sí, copada de gente, casi colapsada de tráfico e informalidad. Lo cual ha generado más caos y desorden. Una salida favorable debería ser el incentivarlos a buscar trabajo en las múltiples provincias que tenemos, Piura, Loreto, Huánuco, Apurímac, etc. Hay tantos lugares donde pueden buscarse la vida, ¿Por qué necesariamente Lima?  

  
No soy xenófobo, pero uno percibe el malestar de la gente, muchos ya se están cansando de la presencia omnipresente de los venezolanos. Hay temores, dichos, rumores a susurros que hablan de una actitud agresiva, amenazante por parte de ellos al verse cuestionados por nosotros. Se dice que no hay que darles mucha confianza, que no vale tenerlos como amigos, "miren como acabó ese chico descuartizado por juntarse con ellos"; en mi casa por ejemplo mi madre ya no piensa alquilarles habitaciones porque cree que le puedan hacer daño.
 
No estoy en contra de la migración, todos somos migrantes, pero este ha sido un maremoto, una ocupación desordenada casi una invasión. Orden, es lo que queremos. Control, normatividad. Que se imponga la justicia y la razón. La ayuda humanitaria a quien lo necesita, y no a los aprovechados. Así daremos testimonio al mundo de que Perú le brindo ayuda a un país hermano, y volverá a resonar esa frase que exclamaban los náufragos chilenos rescatados por Grau tras el combate de Iquique: "Viva el Perú generoso".
Este es un tema de larga empresa, no alcanza con un simple artículo, hay muchos otros factores que analizar, causas, procesos, posibles soluciones. Aquí solo me limito a una opinión personal. Que haya un mejor control migratorio y que a los nuevos ingresantes les incentiven a trabajar en provincias.

 

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