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Domingo 06 de Septiembre del 2020

Elvira de la Fuente Chaudoir la espia peruana que engaño a Hitler


Una socialité peruana, hermosa, extrovertida, bisexual, y muy inteligente, a pesar de las apariencias, es reclutada por los servicios de inteligencia de Alemania y de Gran Bretaña. Algo de ella convenció a ambos bandos de que estaban ante la perfecta espía, y así pudo engañar a la inteligencia alemana dando falsa información sobre los planes ingleses de invadir el continente europeo


    Elvira de la Fuente Chaudoir la espia peruana que engaño a Hitler

Si hay un acontecimiento que todos consideran como crucial para derrotar a la Alemania nazi, ese es el día D. La invasión de las playas de Normandía abrió un nuevo frente en la guerra que libraban los aliados contra Hitler y Mussolini. Después de 4 años tropas inglesas, francesas, polacas retornaban al continente europeo, y con ellos las fuerzas armadas de los Estados Unidos con todo su arsenal bélico, que permitió, como pedía con insistencia Stalin, abrir otro frente que dividiera las fuerzas alemanas, y relajara el frente oriental, que aún resistía.

Aquel gran día, no hubiera sido posible sin la labor de muchos agentes dobles que trabajaban para el servicio de la Abwehr, la agencia de inteligencia alemana, pero que en realidad respondían a los intereses de la MI5 y la MI6, agencias de inteligencia británicos.

Los  servicios de inteligencia británicos montaron la mayor campaña de contra espionaje jamás realizada, creando una red de espías dobles que que hizo creer al propio Hitler que lo mantenían al tanto de todos los movimientos británicos y estadounidenses. De entre estos espías dobles, que burlaron a la inteligencia alemana, los nombres que más sobresalen por su labor son los de Roman Czerniawski, Lily Sergeyev, Dusko Popov, Juan Pujol García, y el de una peruana: Elvira de la Fuente Chaudoir, alias “Cyril”, alias "Bronx".

No es casualidad que el sobrenombre que los servicios británicos le dieron a la peruana haya sido Bronx, un popular trago londinense. Ella era una chica de clase alta, que frecuentaba el Hamilton's Club y el Crockford's Casino en Mayfair, muy conocida por apostar mucho, ganar y más veces perder.

Elvira Concepción Josefina de la Fuente Chaudoir nacida en Lima, era hija de un diplomático peruano que se hizo rico exportando guano al mundo, cuando todavía era un activo de gran valor como fertilizante para las tierras agrícolas del mundo. Elvira creció en París, donde se educó en los mejores colegios de la capital francesa, formando parte de la elite aristocrática francesa.

La entrada de los alemanes en París, en junio de 1940 sorprendió a Elvira de la Fuente en Cannes escapando de Francia hacia Inglaterra con su amiga Romy Gilbey. No cambio en nada su rutina, mantuvo una vida relajada en la capital inglesa. Sin embargo, cuando el dinero comenzó a escasear, ella debió buscar trabajo, pero no consiguió nada que le permitiera vivir con las comodidades de antes. Alguna vez comento que, por ser peruana, no le ofrecían buenos trabajos. Hizo algunas traducciones para la BBC. E intento unirse a la Francia Liberada, la entidad política organizada por Charles de Gaulle en Londres, pero fue considerada inadecuada.

Quienes sí vieron en ella un potencial para el espionaje fueron los del MI6, a alguien les pareció que aquella mujer de 29 años, quien frecuentaba los clubes nocturnos londinenses, simpática, y con aires de aristocrática, encajaba en sus planes. Así fue como el mismo Claude Dansey, subdirector del MI6, la recluto.

 

¿Por qué tanto alemanes como ingleses creyeron que era la espía perfecta?
Su reclutamiento por el MI6, era importante por varias razones, una que era una mujer atractiva y que se codeaba con la alta sociedad, era una socialité; era reconocida en Francia como una mujer ludópata que gastaba mucho dinero en los casinos; su padre había sido comisionado por el estado peruano para encargarse de la sección de negocios de la representación peruana en la Francia de Vichy. Y algo muy importante, aunque parezca extraño, en esas épocas el pasaporte peruano le permitía ingresar a cualquier país europeo ocupado, siendo la hija de un diplomático, de un país hasta entonces neutral (Perú recién rompería relaciones con el eje en 1942), nadie podría sospechar de ella.

El MI6 la envió a Francia, con la esperanza de que los alemanes también la reclutaran como espía, justamente por tener ella pasaporte peruano y tener vía libre para ir de Vichy a Londres. Antes la instruyeron en técnicas de espionaje. Era la carnada perfecta, siempre escasa de dinero, ludópata, una aristócrata sin dinero, que no tenía como mantener su ritmo de vida en Londres, parecería tener escrito en su frente un aviso de “busco trabajo de espía”. Y así sucedió, por segunda vez, una central de inteligencia, esta vez la Abwehr, la capto y recluto para que sea su espía en Londres, pagándole una gran suma mensualmente. El alias que le dieron los alemanes fue: “Dorette”.

Uno de los primeros éxitos que le atribuyen es haber convencido a los alemanes que los ingleses tenían armas químicas, y que en caso Hitler decidiera lanzar sobre las ciudades británicas, gases mortales, los ingleses estarían en capacidad de devolver el golpe. Lo cual no era real.

Operación Fortaleza
El día D fue mortal, murieron miles de soldados en el desembarco. Alemania había implementado un sistema de defensa a lo largo de las playas francesas, previniendo un desembarco aliado, lo que hacía casi imposible una invasión por mar. Por ello era necesario conseguir que Hitler creyera que la invasión se daría en zonas alejadas de las playas de Normandía.

El éxito del desembarco en las playas de Normandía dependía de la “Operación Fortitude (Fortaleza)”. Un plan maestro del engaño. Consistía en hacer creer a los alemanes que la invasión se produciría en el “Pas de Calais”. Para ello montaron campamentos, y movilizaron un gran número de material bélico para que la inteligencia alemana informara lo que parecía una preparación para cruzar desde Dover a Calais. Inclusive el general Patton aparecía como el comandante de las fuerzas que invadirían el continente desde Dover.

La otra pieza del engaño sería el sistema doble cruz (Double Cross), un plan maestro de todas las ramas del espionaje aliado, que consiguió atrapar a muchos espías alemanes en Francia y Gran Bretaña, hacerlos que se pasaran a sus filas, como conseguir que ciudadanos de algunas naciones neutrales fueran reclutados por los nazis para espiar para ellos. Uno de estos espías fue Elvira. La peruana tenía instrucciones precisas de los alemanes para que descubriera la ubicación exacta por donde las fuerzas angloamericanas invadirían el continente. Si Elvira recibía alguna información sobre la próxima invasión aliada, ella debía enviar un telegrama a un banco en Portugal, dirigido al gerente, quien se lo pasaría a los agentes alemanes. La cantidad de dinero se decodificaría para indicar dónde estaba programada la invasión y el motivo se decodificaría para indicar su certeza y el cronograma de la invasión.

El 29 de mayo, Dorotte (Bronx) envió un telegrama identificando una invasión dirigida a la región de Burdeos, uso el código "dentista" para decir que estaba segura de la información. También envió una carta de seguimiento explicando que la información provenía de un oficial británico borracho en el Four Hundred Club, quien más tarde le había jurado guardar el secreto. Según el Bronx, el oficial se había jactado de un asalto aéreo en la región de Burdeos que estaría en los periódicos a la mañana siguiente. Al día siguiente, él le había dicho que la operación se había retrasado un mes.

La información que envió a la inteligencia alemana, dando por confirmada una invasión aliada, era muy diferente a la que el otro gran agente doble, el español Garbo, había dado a los alemanes, que informaba que la invasión seria por el Pas de Calais. Elvira informo que la invasión se daría en el Golfo de Vizcaya, lo que puso en alerta a los alemanes, manteniendo por varios días sus fuerzas en Burdeos.

En la práctica lo que consiguieron los agentes dobles fue que las playas de Normandía no fueran reforzadas, manteniendo los alemanes sus contingentes tanto en Calais como en Burdeos. Aunque algunos historiadores dudan de esto, lo real es que, a pesar del desembarco del 6 de junio de 1944, los alemanes mantuvieron sus contingentes tanto en Burdeos como en Calais, porque consideraron que Normandía no sería la única cabecera de playa por donde invadirían Francia. Hitler espero varios días una segunda y definitiva invasión aliada, creyendo en la información que los agentes dobles británicos le habían proporcionado. Para cuando reacciono ya los aliados tenían aseguradas las costas de Normandía y emprendían el camino para liberal París.

A pesar de la información falsa que les había dado Elvira, los alemanes siguieron confiando en ella, y le pidieron información sobre los puntos estratégicos, en Londres, donde debían ser lanzados los cohetes V2. A través de ella la inteligencia inglesa monto un nuevo plan de engaño, informando a los alemanes sobre las defensas vulnerables de Londres, así como los puntos donde podrían golpear con más fuerza los cohetes. Al mismo tiempo los agentes dobles magnificaban las bajas inglesas que producían los ataques V2. Por ello a pesar que los alemanes lanzaron más de 1400 cohetes V2 sobre Londres, las bajas fueron mininas, 2,754 personas murieron esos meses en que la capital londinense fue castigada por aquella nueva arma que Hitler consideraba haría doblegar a los británicos, en realidad, nunca alcanzaron grandes objetivos.

Al final de la guerra Elvira de la Fuente deja el servicio de inteligencia británico, y se establece en Francia el resto de su vida. Abre una tienda de regalos en Beaulieu-sur-Mer en la Costa Azul. En diciembre de 1995, Stella Rimington, por entonces directora general del MI5, fue informada que la anciana agente Bronx estaba en quiebra, gestionando le sea otorgado un cheque de cinco mil libras “como un modo de expresar agradecimiento por sus servicios durante la guerra, que se seguían recordando y valorando”.

Elvira murió en enero de 1996, en Beaulieu-sur-Mer a la edad de ochenta y cinco años. Solo unos meses antes de su muerte los servicios secretos británicos desclasificaron toda la información sobre los agentes dobles que sirvieron a la causa aliada durante la II guerra mundial, recibiendo Elvira en vida el reconocimiento que merecía.


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