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Martes 10 de Noviembre del 2020

Martin Vizcarra, El héroe involuntario caído, y redimido


Hay momentos en la vida de un hombre que debe decidir entre sus intereses personales, o su patria; hacer el bien, o el mal. Martin Vizcarra decidió que era mejor cambiar el sistema corrupto, aunque sabia que se enfrentaría a poderosas fuerzas que se aferraban por mantener sus privilegios


Martin Vizcarra, El hroe involuntario cado, y redimido

Digamos que el Martin Vizcarra presidente regional acepto una coima para dar la buena pro en una obra pública; digamos que Martin Vizcarra, el vicepresidente, coordino con Fuerza Popular para vacar a Pedro Pablo Kuczynski; pero debemos reconocer que el Martin Vizcarra Presidente no siguió la cadena de corrupción que se ha mantenido por décadas en el Perú, sino que intento romperla, cambiar el sistema de partidos políticos que permite a cualquier caudillo, dueño de un partido, vender candidaturas al congreso y a la presidencia, como recibir contribuciones de cualquier empresario, país extranjero o narcotraficante.

Pudo el Martin Vizcarra presidente hacer lo de siempre, esperar que pasara el vendaval de indignación que sacudió al país cuando escuchamos a la banda del juez supremo Cesar Hinostroza vendiendo cargos dentro del poder judicial, negociando veredictos, pactando acuerdos con políticos que tenían juicios pendientes. Pudo mantener el Statu Quo, un par de comentarios condenando a los cabecillas de la banda de los hermanitos y listo. Pero no fue así, el Martin Vizcarra presidente escucho a la calle y exigió justicia, no se hizo cómplice, y eso debemos agradecer.

Si tuvo errores en el pasado, debe asumirlos, no pasarlos por alto; pero lo que hizo Martin Vizcarra desde que asumió la presidencia fue dar esperanza, a millones de peruanos, que podíamos tener un sistema de partidos políticos realmente democrático, no más de lo mismo; caudillos que arman su partido para ser ellos los únicos que postulan a la presidencia, y los que eligen quien es candidato al congreso. Los caudillos, llámese ahora Cesar Acuña, Virgilio Acuña, Marco Arana, José Luna Gálvez, Keiko Fujimori, o los que heredaron el reino, como sucede con los sobrinos de Fernando Belaunde en acción popular, Raúl Diez Canseco y Víctor Andrés García Belaúnde, siempre van a usar todo su poder económico para desmontar cualquier primavera democrática; su negocio es la política, se valen de ella para acrecentar sus fortunas, no para mejorar al país.

Oportunidades perdidas Cuantas oportunidades tuvo Alan García para hacer lo correcto y no lo hizo, fueron 10 años gobernando el Peru, en los que pudo cambiar el país y no lo hizo, por el contrario, dejo al terminar su segundo gobierno una red de amigos dentro del poder judicial que impedían cualquier juicio contra él.

¿Cuántas veces Alberto Fujimori fue advertido de la trama de corrupción que había hilvanado su asesor Vladimiro Montesinos y no hizo nada? Podemos decir que fue falta de carácter, idiotez o complicidad, aunque sus partidarios lo nieguen. Lo que no podemos entender es que ese hombre que tenía el control total de los tres poderes del estado peruano, y también del cuarto poder, la prensa, nunca uso para bien aquel poder, para crear instituciones dentro del estado peruano sólidas y honorables.

Durante décadas hemos elegido presidentes esperando cambien el sistema que ha corrompido nuestras instituciones democráticas. Para cambiar al Perú votaron por Fernando Belaunde en 1963, aquel tuvo la oportunidad de alterar el destino del Peru en su primer gobierno, movilizando a los peruanos que querían cambios, pero no lo hizo, prefirió ser la víctima del APRA y el dictador Odría, quienes sabotearon su gobierno, censurando ministros, bloqueando leyes... Un hombre con más carácter y determinación, hubiera preferido confrontar al APRA y a la oligarquía que representaba el odriismo, pero no lo hizo, mantuvo un perfil de víctima, y fue incapaz de vislumbrar la ola que vino detrás de él; el golpe de Velazco, que nos dejó una reforma agraria, lo mejor de aquel gobierno, pero destruyo nuestra economía.

Vizcarra, el presidente más solitario que hemos tenido, sin partido político, sin congresistas, sin prensa, demostró en estos dos años que tenía el carácter suficiente para no esperar que la clase política realizara los cambios, nunca lo harían por si solos, sino que debía él como presidente forzar los cambios y así lo venía haciendo.

Hay tantos instantes en la historia peruana que pudieron cambiar nuestra condición de estado corrupto, pero ningún presidente estuvo a la altura de las circunstancias, solo Martin Vizcarra asumió el rol de líder del cambio. Aquello fue imperdonable, y el 9 de noviembre, las fuerzas que se niegan a modernizar y democratizar los partidos políticos, cual vendetta, lo han castigado por tener la osadía de apartarse del guion que ellos señalaban. Más que una vacancia ha sido la oportunidad del pueblo peruano de mostrar sus respetos a quien lucho hasta el último por concretar el cambio necesario.

Nuestro subdesarrollo es consecuencia de esos caudillos a los que Martin Vizcarra combatió, le han dado un golpe de estado, para seguir siendo ellos quienes marquen el curso de la historia peruana, más de lo mismo, la normalidad de la impunidad.


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