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Por qué la economía peruana no se resiente frente a la grave crisis política

El PBI del país continúa creciendo por encima del promedio regional, pese a un persistente clima adverso en el país.

El llamado “milagro económico peruano” no llegó a traducirse en un salto de calidad para el país, pero el nombre parece apropiado para la fuerza que presenta frente a los terremotos políticos. En los últimos años, todos los ex presidentes vivos han caído en desgracia. Condenados, detenidos, investigados o incluso muertos por suicidio, las investigaciones han cerrado el cerco sobre la política peruana, pero el motor económico mantiene su firme avance.

Es cierto que la economía peruana ya no crece al ritmo de las “tasas chinas” y ha perdido dinamismo desde 2017 frente a los escándalos de corrupción y la crisis política que condujo a la renuncia de Kuczynski. Sin embargo, mantiene un crecimiento considerablemente por encima del promedio de la región. Para este año, el Banco Central de la Reserva (BCR) estima un alza de 2,7% del PBI, frente al 0,6% proyectado por el FMI para América Latina. Para el 2020, también es superior: 3,8% frente a 2,3%. Si bien las autoridades peruanas redujeron sus proyecciones en sus últimas publicaciones, estos recortes no parecen estar tan marcados por la política local, sino que van en línea con el contexto global de temores a los efectos de la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

Esta misma semana, poco antes de que Martín Vizcarra anuncie la disolución del Congreso, las autoridades monetarias reportaron una desaceleración de la inflación, con una tasa anualizada de 1,85%. De esta forma, se mantiene por debajo del nivel medio del rango meta, fijado entre 1% y 3% por el BCR.

Diego Macera, presidente del Instituto Peruano de Economía, explicó a Infobae la razones de esta resiliencia. “La macroeconomía es muy sólida y eso siempre se ha respetado desde inicios de los ’90. Ni la inflación ni la deuda pública ni el déficit son un tema de preocupación, independientemente del gobierno”, explicó. También, matizó los números del crecimiento peruano. “No es lo mismo crecer al 3% con un PBI per cápita de USD 23.000 como Chile que crecer al 3% con un PBI per cápita de USD 13.000 como Perú”, apuntó.

De todas formas, las perspectivas no son positivas. Agosto fue el peor mes del año para la confianza de los empresarios en el corto plazo, según el relevamiento del BCR, y se ubicó en la “zona de pesimismo”. El temor siempre está puesto en un freno de las inversiones, aunque los análisis del gobierno señalan que el crecimiento de Perú, segundo mayor productor mundial de cobre y plata, estará impulsado principalmente por la demanda interna. “El sector privado no depende de los acontecimientos políticos, salvo los grandes proyectos”, señaló a Infobae Juan Carlos Crespo Cheneffusse, ex analista del Ministerio de Producción.

“Esta ‘crisis’ no tiene un efecto apocalíptico en la economía. Se ve en los indicadores más volátiles de la economía, el tipo de cambio y la bolsa, que están asociados a la percepción de riesgo de los agentes y a la especulación. El sol (la moneda peruana) se apreció 0,5%. Uno esperaría ver un salto y no ha sucedido”, destacó Crespo. “Esto me lleva a pensar que los agentes económicos (locales y extranjeros) no ven este evento como una crisis económica”, agregó

En ese sentido, el clima empresarial se ha visto más afectado por el escándalo Lava Jato y las investigaciones contra el denominado Club de la Construcción (un cártel de empresas que se repartían las licitaciones públicas) que por la pelea entre la Presidencia y el Congreso.

En cuanto a cuestiones políticas, las últimas veces que la Bolsa de Lima tuvo jornadas negras por coyunturas domésticas fue ante el avance de movimientos izquierdistas en las encuestas. El día que Ollanta Humala ganó las elecciones, en 2011, el parqué limeño tuvo el peor retroceso intradiario de su historia. Para los comicios del 2016, si bien el favoritismo del ballotage pertenecía a una opción poco democrática como la candidatura de Keiko Fujimori, la disyuntiva entre la hija del ex autócrata de los ’90 y Pedro Pablo Kuczynski dejaba respirar tranquilos a los empresarios, ya que ambos prometían políticas a favor de los mercados.

Al respecto, Macera explicó: “Perú no ha tocado sus fundamentos económicos: apertura al mundo, libertad de mercado, un estado no empresario, etcétera. En la medida en que esos temas básicos se mantengan firmes, el Perú debería crecer, sin sudar, más del 2%, casi por inercia”.

El riesgo país, que mide la capacidad de cumplimiento de pagos y el riesgo político implícito, es sumamente volátil en una crisis como la argentina, y tuvo también un salto en Perú frente a esta coyuntura, pero a otra escala. Mientras en Argentina supera los 2.000 puntos, para la economía peruana JPMorgan registró esta semana un aumento del 5%, y llegó a las 113 unidades. “El riesgo país tiene un impacto en el costo del crédito, pero espero sea algo muy transitorio. En tanto no se abra una Asamblea Constituyente, aquí las cosas van a permanecer en calma económica, aunque no necesariamente mejorando”, dijo Macera.

Por su parte, Julio Velarde, presidente del BCR, descartó en los últimos días una fuga de capitales. “Mientras no observen algo grave, los inversionistas extranjeros se quedarán en el país”, sostuvo. Las acusaciones de “golpe de estado” exclamadas por la oposición no tuvieron eco en la comunidad internacional, y el país no respira una situación de quiebre de orden democrático.

La Agencia de Promoción de la Inversión Privada, indicó Crespo, tiene una cartera de 55 proyectos para el período 2019-2022 por un valor de más de USD 9.000 millones. Si bien la mayoría de ellos están en etapa de formulación, con riesgo de revisión y demora si hay un cambio de gabinete, no se espera grandes cambios en la gestión de Vizcarra. Además, comentó que no hay grandes diferencias para el sector económico con respecto a la crisis vivida el año pasado por la vacancia del presidente Kuczynski. “En general creo que el mercado ya había asumido el efecto de esta crisis política”, sostuvo.

El llamado a elecciones legislativas para enero y la conformación de una legislatura que duraría menos de dos años puede implicar un freno a la actividad que, sin embargo, tiene un efecto mucho más leve que en otros países.

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