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Tiempos Inciertos

Autor: Daniel Lagos Flores

Hoy en día un comentario o critica de cualquier ciudadano puede viralizarse y alcanzar una insospechada difusión, que nos convierte en protagonistas, y ya no solo electores pasivos.

Cuando leemos o escuchamos terminología jurídica los ciudadanos solemos manifestar un gesto de incertidumbre, y eso se justifica en nuestra inexistente cultura legal.


Debemos recurrir a nuestra humildad y reconocer que ese es nuestro punto débil, un punto débil que resulta muy nocivo para nuestra sociedad. Si no conocemos nuestros derechos u obligaciones es seguro que en algún momento sufriremos la consecuencia de ello.


Los nuevos tiempos, las nuevas tecnologías, nos obligan a ser más activos y responsables. Nuestros comentarios en twitter o en nuestro muro de Facebook, da una tribuna descomunal a nuestras ideas. Es así que ser ciudadano hoy no es nada simple, implica tener nociones de muchos temas y nuestra accidentada realidad intensifica esa necesidad. Exponer nuestros pensamientos ya no se reduce a nuestra familia y amigos, sino a un amplio grupo. Lo que escribimos en redes puede repercutir en muchas personas a las que no conocemos.


Eso hace que en el siglo 21 la agenda política ya no la dicten los politicos, sino los ciudadanos, y que la percepción sea una difusa línea divisoria entre verdad y la mentira, entre justicia y abuso, entre lo legal y lo inmoral.


Según mi percepción el concepto de prisión preventiva debe tener relación con la intuición del ciudadano, debe cumplir con el fin de evitar que un investigado, por ejemplo; huya del país recurriendo a la estratagema de la prescripción, como ha ocurrido en anteriores ocasiones.

El Perú está catalogado como uno de los 75 países más corruptos del mundo junto a Venezuela, Bolivia y una serie de países africanos y asiáticos. En enero de este año caímos a ese pozo tras una investigación de Transparencia Internacional.

Eso junto a la alta tasa de criminalidad nos hace desconfiados, no hay ciudadano que no considere riesgoso estar en la vía pública, incluso en lugares semi privados como restaurantes o medios de transporte.

La inseguridad es generalizada y ante cualquier situación desconfiamos, las preguntas con respuesta segura son: ¿Confías en la policía? ¿En la justicia, en abogados? ¿En el árbitro que dirigirá el partido del fin de semana? ¿En algún líder político? ¿Alcalde? ¿Presidente? ¿Gobernador regional? ¿Empresario? ¿Vecino? ¿Compañero de trabajo? ¿Amigo o hermano? Que dura e infranqueable es la realidad. ¿Cierto? 

Reflexionemos. ¿Si presumimos culpabilidad en la vida diaria, porque eso no se percibe en la ley?, ¿Porque en un país con tanta corrupción se siguen aceptando declaraciones juradas? ¿Por qué en un país en el que se es consciente de la pérdida de valores, debemos presumir inocencia cuando no lo sentimos?

El espíritu de la ley se volvió más etéreo que nunca, y no refleja en absoluto la realidad.

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